lunes, 30 de junio de 2014

San Pablo. Reyes de Santo André

Emprendimos viaje desde Porto Alegre y se nos sumó un pibe que estaba en el mismo hostel, Roco. Por suerte sabe manejar también, así que pudimos compartir el volante entre nosotros dos. Dejamos a Pablo, Cristhian y a Nico y ya entramos en la ruta directa a Curitiba. Muchas charlas con Roco, contándonos entre todos todo tipo de anécdotas y compartiendo historias de vida. Casualmente es de Ramos, así que teníamos muchas cosas en común.
Llegamos a Curitiba de noche. Las rutas siempre en buen estado pero sinuosas y con muchos controles de velocidad, así que todos los viajes se hacen más largos de lo esperado.
La ciudad, como casi todas las ciudades que visitamos, se nos hizo gigante, de entrada. Apelamos al GPS para que nos ubique una posada o un hostel pero esta vez no funcionó. De casualidad encontramos la Pousada Atlanta, un hotelucho de mala muerte que nos ofrecía una especie de colchón sobre una especie de parrilla, "café da manhá" y estacionamiento por 50 reales. En la relación "precio-calidad", de lo más caro que pagué en mi vida.
Obviamente, un jueves a la noche no había nada para hacer. Pero encontramos una parrilla libre que está abierta 24 horas, así que allí fuimos y cenamos muy muy bien a las 2 de la mañana. Casualmente nos atendió un mozo argentino, de Tres Arroyos, que, según pudimos conjeturar, escapó de un bardo bastante grande.



Nos despertamos al otro día y nos fuimos a conocer un poco la ciudad de día, para ver si cambiábamos de parecer. La verdad es que no tuvo tanto para ofrecer Curitiba, pero tiene un parque muy lindo, con una laguna llena de ganzos y de unos simpáticos bichos que se llaman capirabas. Bueno, simpáticos por la forma que tienen, porque mucho no hacen. A tal punto que cuando los vimos a lo lejos no sabíamos si eran piedras o animales.
Almorzamos ahí y después nos acercamos a los capirabas para sacarnos unas fotos. No parecían asustados por nuestra presencia ni por la presencia de nadie. Estaban dedicados exclusivamente a comer pasto.







Otra vez a la ruta. Nos quedaban unos 400 kms hasta San Pablo, es decir, un viaje muy corto. Allí nos esperaban Marcelo, el sobrino de Tony, y su esposa Claudia. Mención aparte para la familia de Tony: son muchos y están esparcidos por todas partes. En uno de los viajes Tony hizo el ejercicio de contar a todos sus primos y primas y primos segundos y primas segundas y superó los 100. Además tienen un particularidad muy curiosa: en edad, los sobrinos son más grandes que los tíos.
Bueno, el viaje a San Pablo al final se hizo más largo de lo que pensábamos porque después de dejar a Roco en la casa de sus amigos, cuando quisimos ir para la casa de Marcelo y Claudia nos encontramos con que nos faltaban las calles de Santo André, barrio donde viven ellos.
No le deseo a nadie conducir un auto en San Pablo y sin GPS. Por suerte Tony había guardado el mapa de San Pablo en su celular y pudimos llegar bien, no sin equivocarnos varias veces ni sin meternos en un par de fabelas, tranqui.

Marcelo, Claudia y Morelo (uno de sus hijos) nos recibieron con mucha alegría y con mucha comida. Con Tony, arrasamos con todo lo que nos pusieron sobre la mesa, mientras con la boca llena y en un portuñol avanzado, se encargaba de poner al día a sus familiares en algunos temas de familia.
La realidad es que toda la familia de Tony, y en especial Claudia y Marcelo, nos trataron como reyes. Comimos como cerdos, pudimos lavar ropa, una ducha maravillosa y siempre, todo el tiempo, buena onda y cordialidad.
El sábamos vimos Brasil vs Chile en casa y después de almorzar nos fuimos a ver al hermano de Tony, Pocho, a su esposa y a su hija, y a Marcos y su familia que vinieron de Buenos Aires de visita. Así que estábamos todos. Después fuimos a la casa de otra sobrina de Tony, Andrea, y ahí ya fue cartón lleno. Otra vez comimos como cerdos, tomamos vino como reyes y nos reímos mucho contando anécdotas del viaje y anécdotas de nuestras vidas en general.








El domingo nos tuvimos que levantar temprano para ir a la iglesia. Si, la iglesia. No puedo dar más detalles. Después nos fuimos a una "churrascada" en un club en Santo André. Es importante decir que mejoró mucho la carne en Brasil, al menos al recuerdo que tengo yo de algunos años atrás. Tanto en Curitiba como acá, comimos muy rica carne y muy bien hecha.
Vimos Holanda vs México, jugamos al pool, y después jugamos un rato al fútbol con Bruno (otro de los hijos de Marcelo), Morelo, Marcelo, Tony, Marcos, Luis y yo.
A la noche una cena tranquila y esta mañana nos despedimos de Marcelo y Claudia sin dejar de agradecerles lo bien que nos trataron.









En un rato ya parto para el hostel donde me voy a reecontrar con Damu, Lucas y Fafi. Estoy muy contento por esto. Mañana llega Nacho de Noche y vamos a ir todos a la cancha. Felicidad.

jueves, 26 de junio de 2014

Guarujá, Blumenau, Porto Alegre.

Bueno, no paramos. Brasil es un país enorme y, encima, estos tipos son un montón. Cualquier ruta, cualquier ciudad, cualquier rincón del país están repletos de gente.
Dejamos Belo Horizonte alrededor de las 14 hs. Dos pibes, Pablo y Christian, el primero de Buenos Aires y el otro de Entre Ríos, tenían en mente hacer el mismo viaje que nosotros así que se nos sumaron para dividir los gastos. Lamentablemente, el único que maneja soy yo, así que tuve que mentalizarme que el viaje iba a ser largo. El plan de ruta fue: Guarujá, cerca de Santos para ir a la playa; luego Blumenau para ver algo más distinto al común de Brasil y después el último tramo hasta Porto Alegre. Lo cumplimos al pie de la letra y disfrutamos mucho el viaje.
Las rutas están en buen estado, especialmente las autopistas, pero es impresiontante la cantidad de camiones que cruzamos en el trayecto Guarujá-Blumenau. Demasiados, todo el tiempo rodeados.
La noche que dormimos en Blumenau, tuvimos la suerte de conseguir entradas para el partido de octavos, que nos estaba faltando a varios. 5.30 de la mañana empezó a sonar el fleitaFifa y habían liberado casi 600 entradas para el partido. Un éxito. Conseguimos 6 entradas para todos los que necesitábamos.



















Llegamos a Porto Alegre y en el hostel nos estaban esperando Nico y Pablo, que habían llegado el martes por la tarde. La ciudad es bastante fea. No hay muchas atracciones, es muy gris y, encima, hay una humedad insoportable. De todas maneras, el partido hace que todo cambie. En todos los diarios salieron las noticias de la cantidad de gente que llegó a la ciudad gaúcha. Un despiole de argentinos copando las veredas, los bares, los restaurantes, que seguramente el resto del año, no solo deben estar vacíos un martes, sino que ni siquiera deben estar abiertos. Eso es lo divertido de estas ciudades, a diferencia de San Pablo y Río. La gente no está acostumbrada a turistas y disfruta mucho más de la visita.






Llegó el día del partido y a la mañana, apenas llegó Aldito de Gramado, nos fuimos caminando para la cancha. Imposible describir la felicidad de poder compartir un partido del mundial con mi viejo. Encima llegamos temprano a la cancha y nos ubicamos muy bien. Se lo notaba contento a Aldito, ergo, yo estaba más que feliz.
Nos tocó un partido de otro planeta. 5 goles, dos de Messi, ganamos 3 a 2... Impresionante. Mucha suerte.
Después del partido pensábamos ir al Fan Fest a festejar pero no fue posible. Nos ganó la modorra y nos quedamos dormidos. A la noche nos despertamos y fuimos a comer a Cidade Baixa, donde estaba lleno de argentinos todavía festejando el 3 a 2.

















Ahora ya nos estamos por ir. Vamos a ir a retirar las entradas de octavos y después partimos hacia San Pablo. En el camino vamos a parar en Curitiba para conocer la ciudad.