jueves, 26 de junio de 2014

Guarujá, Blumenau, Porto Alegre.

Bueno, no paramos. Brasil es un país enorme y, encima, estos tipos son un montón. Cualquier ruta, cualquier ciudad, cualquier rincón del país están repletos de gente.
Dejamos Belo Horizonte alrededor de las 14 hs. Dos pibes, Pablo y Christian, el primero de Buenos Aires y el otro de Entre Ríos, tenían en mente hacer el mismo viaje que nosotros así que se nos sumaron para dividir los gastos. Lamentablemente, el único que maneja soy yo, así que tuve que mentalizarme que el viaje iba a ser largo. El plan de ruta fue: Guarujá, cerca de Santos para ir a la playa; luego Blumenau para ver algo más distinto al común de Brasil y después el último tramo hasta Porto Alegre. Lo cumplimos al pie de la letra y disfrutamos mucho el viaje.
Las rutas están en buen estado, especialmente las autopistas, pero es impresiontante la cantidad de camiones que cruzamos en el trayecto Guarujá-Blumenau. Demasiados, todo el tiempo rodeados.
La noche que dormimos en Blumenau, tuvimos la suerte de conseguir entradas para el partido de octavos, que nos estaba faltando a varios. 5.30 de la mañana empezó a sonar el fleitaFifa y habían liberado casi 600 entradas para el partido. Un éxito. Conseguimos 6 entradas para todos los que necesitábamos.



















Llegamos a Porto Alegre y en el hostel nos estaban esperando Nico y Pablo, que habían llegado el martes por la tarde. La ciudad es bastante fea. No hay muchas atracciones, es muy gris y, encima, hay una humedad insoportable. De todas maneras, el partido hace que todo cambie. En todos los diarios salieron las noticias de la cantidad de gente que llegó a la ciudad gaúcha. Un despiole de argentinos copando las veredas, los bares, los restaurantes, que seguramente el resto del año, no solo deben estar vacíos un martes, sino que ni siquiera deben estar abiertos. Eso es lo divertido de estas ciudades, a diferencia de San Pablo y Río. La gente no está acostumbrada a turistas y disfruta mucho más de la visita.






Llegó el día del partido y a la mañana, apenas llegó Aldito de Gramado, nos fuimos caminando para la cancha. Imposible describir la felicidad de poder compartir un partido del mundial con mi viejo. Encima llegamos temprano a la cancha y nos ubicamos muy bien. Se lo notaba contento a Aldito, ergo, yo estaba más que feliz.
Nos tocó un partido de otro planeta. 5 goles, dos de Messi, ganamos 3 a 2... Impresionante. Mucha suerte.
Después del partido pensábamos ir al Fan Fest a festejar pero no fue posible. Nos ganó la modorra y nos quedamos dormidos. A la noche nos despertamos y fuimos a comer a Cidade Baixa, donde estaba lleno de argentinos todavía festejando el 3 a 2.

















Ahora ya nos estamos por ir. Vamos a ir a retirar las entradas de octavos y después partimos hacia San Pablo. En el camino vamos a parar en Curitiba para conocer la ciudad.

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