sábado, 17 de julio de 2010

C'est fini

Llegó el último día antes de partir.
Me quise despertar temprano para ver el partido del Tri Nations entre Nueva Zelanda y Sudáfrica, pero no pude. Me costó mucho levantarme, pero en un momento miré por la ventana y vi que el día estaba soleado, así que me levanté y me fui rajando para Waterfront a ver si podía ir a Robben Island.

Por suerte lo logré. Tomé el buque de las 14 hs, y como tenía tiempo aproveché para dar ooootra vuelta por el Waterfront, comprar algunos regalos de último momento y comer algo.

A las 13:45 nos hicieron subir al barco Susan Krueger. Me senté en la cubierta y cuando arrancó el barco pude observar el hermoso paisaje que brinda a los ojos Ciudad del Cabo, desde mar adentro.


Es impresionante cómo se ve la Table Mountain desde lejos y el resto de los cerros y ahora se le suma el imponente estadio que hicieron a 200 metros del mar.
A lo lejos se veían los picos de varios montes cubiertos por nieve, después de la tormenta de los últimos días.
El mar: papel crepé con un color resultante de una mezcla de mucho verde con un poquito de azul.


Antes de llegar a la isla (40 minutos de barco) vimos una ballena y un tiburón.

Al llegar a Robben Island nos hicieron subir a un micro y una guía nos fue explicando un poco la historia de la isla.

Empezó siendo, en 1800 y algo, un centro de leprosos. Luego, a mediados del siglo 20 durante el comienzo del apartheid, construyeron una prisión, cuya gran mayoría de internos eran prisioneros políticos.

Nos mostraron un cementerio de leprosos que tenía unos 180 años. Nos mostraron los lugares donde hacían trabajar a los prisioneros. Eran unas minas de roca y los tipos tenían que trabajar ocho horas por día pegándole a la roca con un pico. Después que cortaban pedazos grandes de roca, se los hacían llevar a los patios de la prisión y ahí, con otros instrumentos más precisos, dejaban la roca separada en incontables piedritas.
Lamentablemente, nadie sabe para qué usaban esas piedras...


Ya dentro de la prisión fuimos recibidos por un ex prisionero -todos los guías turísticos de la prisión deben cumplir esa condición.
Nos mostró cómo dormían con una manta gruesa y otra más fina directamente en el piso, hasta que por la década del 70 la Cruz Roja consiguió que les pusieran camas marineras.
Tenían un baño con dos inodoros y 3 duchas para 30 o 60 prisioneros.
Vimos la celda de Mandela, que era una pieza de, a lo sumo, 2x2 metros y el patio, donde había un jardín que, al parecer, Nelson cuidaba meticulosamente. Estuvo 18 años ahí.

Realmente es impresionante ver la tristeza en los ojos del hombre, mientras contaba cómo habían sido sus años ahí.

Luego de eso, nos dejaron de vuelta en el mismo barco que nos trajo de regreso a casa.

Llegué, hice la valija (¡¡¡qué complicado!!!!) y ahora estoy terminando de cenar y por irme a dormir.
Mañana a las 6.30 arriba. A las 7.30 me pasan a buscar Orla y Brent para ir para el aeropuerto.

Para ser sincero, hace una semana que tengo unas ganas bárbaras de volver.
Esperemos que el vuelo sea tan bueno como el de ida.

3 comentarios:

  1. Bueno Lean, se terminò la aventura. Debo felicitarte porque todos estos dìas nos has tenido a todos interesados por saber què pasaba dìa a dìa en esta experiencia. Te dejo un beso grande para finalizar y serà hasta la pròxima.

    ResponderEliminar
  2. Hijo de tigre !!! En un rato nos vemos.
    Salud para Aldo tambien que se comentó todo !

    ResponderEliminar
  3. Estoy esperando unas palabras finales!!!
    CON CLU SION!
    CON CLU SION!
    CON CLU SION!

    ResponderEliminar